224. De camino a Negreira

Recuerdo que Navarra me hizo notar, habíamos dejado atrás Pontemaceira, que cuando hablaba de algo que no me gustaba… aceleraba el paso. Recuerdo que entonces yo le mencioné ese párrafo que habla acerca de ello en ‘La Lentitud’ de Kundera.

«Al desacelerar el curso de la noche, al repartirla en distintas partes separadas unas de otras, Madame de T. supo hacer que el corto lapso de tiempo que les estaba destinado pareciera una maravillosa construcción arquitectónica, como una forma. Es una exigencia de la belleza, pero ante todo de la memoria, imprimir una forma a una duración. Porque lo que es informe es inasible, inmemorizable. Concebir su cita como una forma fue para ellos particularmente valioso, ya que su noche debía permanecer sin mañana y solo podría repetirse en el recuerdo. Hay un vínculo secreto entre la lentitud y la memoria, entre la velocidad y el olvido. Evoquemos una situación de lo más trivial: un hombre camina por la calle. De pronto, quiere recordar algo, pero el recuerdo se le escapa. En ese momento, mecánicamente, afloja el paso. Por el contrario, alguien que intenta olvidar un incidente penoso que acaba de ocurrirle acelera el paso sin darse cuenta, como si quisiera alejarse rápido de lo que, en el tiempo, se encuentra aún demasiado cercano a él. En la matemática existencial, esta experiencia adquiere la forma de dos ecuaciones elementales: el grado de lentitud es directamente proporcional a la intensidad de la memoria; el grado de velocidad es directamente proporcional a la intensidad del olvido.»

Íbamos hablando de Laura y de su padre. Ya todas las decisiones habían sido tomadas…

*Escrito un 4 de Junio/ 2009

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